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Historia motivadora para la cuarentena | El elefante encadenado.

Estos días de confinamiento estoy aprovechando muchísimo para formarme. Escucho ponencias de fotógrafos muy conocidos por sus trabajos y profesionalidad, hago cursos, leo artículos y veo vídeos sobre cosas que no se hacer... todo, por supuesto, online.

Hubo una ponencia de una fotógrafa, llamada Maca Guzmán, en la que contó una historia que no había oído nunca y , la verdad, me hizo pensar. La historia se titula "El elefante encadenado" y dice así:



Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacia gala de su peso, un tamaño y una fuerza descomunales. Pero después de la actuación, el elefante siempre permanecía atado a una cadena, que aprisionaba una de sus patas, clavada al suelo con una estaca.

Sin embargo, la estaca era un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y ,aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir. ¿Que lo sujeta entonces? ¿Por qué no huye?.

Pregunté a mis padres por el misterio del elefante y me dijeron que no escapaba porque estaba amaestrado. Pero, si esta amaestrado ¿por qué lo encadenan?. No supieron que responderme.

Al día siguiente se lo pregunté a mi profesor y, por suerte para mí, me dio la siguiente respuesta:

"El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca desde que era muy pequeño."

Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefante empujó y tiró tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él.

Imaginé que se dormía agotado y al día siguiente lo volvía a intentar, y al día siguiente y al otro...Hasta que, un día, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque cree que no puede. Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor de todo es que nunca más intentó poner a prueba su fuerza.



Probablemente te haya pasado a ti alguna vez como al elefante. Has hecho o intentado hacer algo y como no te ha salido como esperabas, no lo has vuelto a intentar. ¿Por qué? Porque ese día en el que no lo conseguimos grabamos en nuestra mente que no pudimos, nos quedamos con el fracaso, con que ya no será posible, cuando en realidad, a lo mejor si lo volvemos a intentar, sí lo podamos conseguir. Quizá un día algo no nos salió como esperábamos pero, ¿por qué rendirnos? Puede que si lo volvemos a repetir en otras circunstancias podamos obtener el éxito y grabar otros pensamientos, pero esta vez, positivos como ‘¡Lo he conseguido!’.


Espero que esta historia te haya hecho pensar en aquello que no intentas de nuevo por miedo al fracaso y te impulse a volver a hacerlo.



No seas el elefante que no ha conseguido escapar de sus miedos.



Gracias por la visita y mucho ánimo en estos días.

¡Ya queda menos!


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